Pintaremos en el suelo una gran sonrisa para intentar olvidar nuestras penas. Lástima que en ese instante el cielo esté llorando y nuestro dibujo se pierda en infinita tristeza.

Cuerdísima locura llamada amor

¡Ay! ¡Que el amor, que lleva siempre vendada la vista, halle sin los ojos camino franco a su voluntad! ¡Mísero de mí! Mucho da que hacer aquí el odio, pero más el amor. Por tanto, pues, ¡Oh amor pendenciero! ¡Oh odio amoroso! Oh suma de todo, primer engendro de la nada. Pesada ligereza, grave frivolidad. Informe caos de seductoras formas. Pluma de plomo, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es. Tal es el amor que siento sin sentir en tal amor amor alguno.

Mis propios pesares abruman mi pecho, que se acrecientan más con los tuyos. Ese afecto que me has mostrado añadee nuevo pesar al exceso del mío. El amor es humo engendrado por el hálito de los suspiros. Si lo alientan, es chispeante fuego en los ojos de los enamorados. Si lo contrarían, un mar nutrido con lágrimas de amantes. ¿Qué otra cosa más? Cuerdísima locura, hiel que endulza y almíbar que amarga.

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