Aquella noche, como otra cualquiera, volvimos a pelear. Tus gritos retumbaban contra las paredes de la estancia haciéndome incluso estremecer. Recuerdo que aquel día volviste a hacer uso de tu idioma. Aquel en el cual utilizando palabras bien sonantes hacías más daño que con cualquier daño físico que se pueda ejercer a ninguna persona.
Sin embargo... la pelea fue distinta a las demás. Yo, como nunca antes hasta el momento había ocurrido, no cedí.
No, aquella vez no pensaba volver a dejarme pisotear por ti como siempre hacía. No quería que fueses tú el que volviese a salir victorioso. No quería ser yo la que acarrease con todas las culpas.
¿Sabes qué fue lo mejor? Que, aún ahora, no sé por qué nos peleamos. No sé cuál fue el motivo de la discusión que llegó a romper el estrecho lazo que nos unía.
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