Cada oscura y triste noche, entre lágrimas y lamentos, volvía a hacerlo. Cerraba mis ojos con fuerza y, mientras las lágrimas rodaban por mis sonrosadas mejillas, volvía a reunirme contigo.
Iba recolectando todos mis recuerdos, agarrándome con fuerza a ellos para que no se escapasen entre mis dedos pues no quería perderte. No de nuevo. Observaba tus carnosos y secos labios, tus oscuros y profundos ojos, tus cabellos cortos y claros. Me abrazaba a cada uno de los momentos que vivimos desde el día que nos conocimos.
No quería olvidarte nunca pues, aunque te hubieses marchado hacía mucho, aún seguías vivo en mi mente y mi corazón.
Por eso, cada noche antes de dormir, me culpaba a mí misma una, dos, cientas de veces por haberte dejado escapar.
Te eché de menos cuando ya era demasiado tarde para alcanzarte.
2 comentarios:
Tienes un premio en mi blog.
Nunca es tarde, las estrellas siempre se alcanzan...
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