Pintaremos en el suelo una gran sonrisa para intentar olvidar nuestras penas. Lástima que en ese instante el cielo esté llorando y nuestro dibujo se pierda en infinita tristeza.

Nadie

-Te quiero -Susurraste en mi oído con aquella melodioso tono de voz que te caracterizaba. Tranquila, serena, cantarina, grácil, hermosa. Tu voz era semejante a la de los ángeles de los cuentos bíblicos. Tan perfecto.
-Y yo a ti -Sonreí. Me lo creía.

En ese momento me pensaba que tú y yo siempre estaríamos juntos, que tú siempre me querrías, que nunca te olvidarías de mí. Oh, pequeña ilusa. Quién me diría a mí que después de coger todo lo que querías de mí te fuiste por donde llegaste. Creo recordar que cuando te despediste de mí una gran carcajada salió de tus labios. Entonces, la persona en la que más confiaba fue la que destruyó mis ilusiones. Supongo que eso es lo que siempre pasa... Los golpes más duros son recibidos de los que más queremos.
¿Consejo? No permitas que nadie se acerque a ti.

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